UNIV 2006
Projetar a cultura, a linguagem dos meios de comunicação
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“¿Cómo es posible que haya ganado Nixon? No conozco a nadie que le
haya votado". Así expresaba su asombro un famoso periodista al final
de las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 1972. Vayamos
al presente: ¿por qué las estadísticas hablan de un 50% de personas
que practican su fe y esta cifra desciende a un 5% entre los trabajadores
de cine y televisión? Cambiemos de país, a Italia, al referendum sobre
experimentación con embriones en junio de 2005: frente al apoyo unánime
de los medios de comunicación, sólo un 25% de los ciudadanos acudió
a votar. Paradojas de nuestro tiempo: aunque la tecnología consigue
que vivamos en tiempo real cualquier suceso en el planeta, ¿no asistimos
quizás a un distanciamiento entre el sentir de los ciudadanos y los
mass media?
El lenguaje de los medios de comunicación pretende construir un mundo
“transparente”, donde “lo que se ve es todo y sólo lo que existe”. Las
coordenadas espacio-temporales de toda acción humana vienen sustituidas
por la noticia instantánea, concisa y objetiva. Los titulares, los boletines
de última hora, los sms...irrumpen en nuestra cotidianidad con violencia,
sin pedir permiso y sin esperar de nosotros más que una respuesta afectiva,
raras veces racional. Instantaneidad es la palabra clave para describir
la nueva cultura que la tecnología ha logrado con la comunicación. Pero,
¿realmente lo que se ve es lo que pasa? Todavía un interrogante más
incisivo: ¿Informados, saturados o simplemente manipulados?
Conocer el lenguaje de los medios requiere un verdadero cambio de mentalidad.
Los que quieran proyectar la cultura han de recurrir a este código y
comprender a fondo sus propias reglas, sus posibilidades y limitaciones.
De alguna manera, el conocimiento del lenguaje de los medios forma parte
de la retórica necesaria en los albores del siglo XXI.
Para influir en el cambio de cultura se precisa también de una adecuada
comprensión de las pantallas: el ordenador, la consola de los videojuegos,
la televisión, el teléfono móvil... Además de informar, la tecnología
ha logrado la interacción. Surgen así nuevos ámbitos de participación
para unas audiencias, que son cada vez menos pasivas, y otorgan posibilidades
de movilización social sin precedentes. Los desastres naturales en Indonesia
o en New Orleans constituyen un claro ejemplo. La solidaridad internacional
ha puesto en marcha una vez más los mecanismos y la participación ciudadana
no se ha hecho esperar. Nos podemos sentir orgullosos.
El problema comienza cuando esas pantallas configuran un “mundo ficticio”
–lo que alguno ha denominado el “tercer entorno”-, en el que las personas
se aíslan y desde donde toman decisiones vitales, dejando al margen
las relaciones reales con la familia, los amigos y los colegas de trabajo.
No es un fenómeno extraño si tenemos en cuenta cómo la industria cinematográfica,
por ejemplo, plantea la promoción de un nuevo film: piensan en comercializar
su banda sonora (música), promoverla en páginas web (internet) y a través
de anuncios de televisión (publicidad y televisión) y lanzar un videojuego
con el tema de la película. Todas estas plataformas influyen en el público
–acudan o no a verla-, difunden valores que se plasman en una cierta
visión del mundo, y proporcionan una justificación a determinados comportamientos
o estilos de vida.
Los días posteriores a la muerte de Juan Pablo II constituyeron un ejemplo
de cómo las noticias tienen un ciclo que va adquiriendo vida propia.
Si se prolongan en el tiempo, estos “ciclos de noticias” pueden convertirse
en “acontecimientos históricos”. En los sucesos del cambio de pontificado,
presenciamos lo que algunos han denominado “la globalización del asombro”,
que condujo a reacciones del todo inusuales en ambos hemisferios. Sin
embargo, puede suceder que el “ciclo de noticias” sea negativo. ¿Cuál
ha de ser el enfoque de los medios: bombardear con detalles cada vez
más agresivos o serenar los ánimos? ¿Qué vía hemos de seguir en las
retransmisiones: como el 11 M de Madrid o como el 7 de julio londinense?
Sin duda las organizaciones han de prepararse para hipotéticos “ciclos
de noticias” adversos que piden un seguimiento informativo, una retransmisión
que es siempre a fin de cuentas una valoración y una respuesta a los
hechos.
No obstante la omnipresencia de los medios, sigue siendo decisiva la
comunicación personal. Cada persona necesita descifrar los lenguajes
de la enorme cantidad de datos que se le presentan a diario. Y, más
aún, aspira a comunicar, a ser escuchada y a entrar en relación con
otras personas. Cada uno anda buscando un sentido, una clave de lectura.
El sentido necesariamente hace referencia a algo que va más allá del
medium, a un contexto superior. La comunicación entre personas sigue
siendo determinante e irrenunciable. Como telespectadores y navegantes,
como usuarios de los medios de comunicación, necesitamos una formación
que aporte elementos para establecer una crítica racional a la avalancha
informativa. Una actitud crítica constructiva se apoya en razones, en
el esfuerzo por comprender la realidad –lo que se ve o lo que se oye–
sin quedarse en opiniones momentáneas, superficiales. La formación del
criterio se prepara con el estudio y con una sana apertura a la realidad.
Estudiar el lenguaje de la comunicación nos conducirá a plantear de
nuevo la importancia de la reflexión frente a la reacción instantánea;
de la formación frente a la improvisación. No es suficiente una crítica
desde fuera: hace falta participar de manera responsable en los mecanismos
de la comunicación.
Un mito para terminar: “Cuentan que una vez se reunieron todas las Virtudes,
los Sentimientos y las Pasiones de los hombres para jugar al escondite:
el Entusiasmo bailó secundado por la Euforia; y la Alegría dio tantos
saltos que terminó por convencer a la Apatía, a la que nunca la interesaba
nada. La primera en esconderse fue la Pereza; la Generosidad casi no
alcanzaba a hacerlo, porque cada sitio que encontraba le parecía adecuado
para los demás; el Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde
el principio; limpio, ventilado, cómodo... pero sólo para él. Pero no
todos quisieron participar: la Cobardía no quiso arriesgarse, a la Soberbia
le pareció un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que
la idea no hubiese sido suya)…y la Verdad prefirió no esconderse: «¿para
qué? , si al final siempre me encuentran»”. El relato sigue, pero toma
derroteros que no interesan al tema.
En el año 2004, en la penúltima Audiencia que Juan Pablo II tuvo con
el Congreso Univ, animó a todos a aprender los lenguajes aptos para
transmitir mensajes positivos y dar a conocer de manera atractiva los
grandes ideales. Esta tarea es el desafío más urgente de quienes quieren
proyectar una nueva cultura: parte esencial de esta labor es la educación
en el uso y la lectura responsable de la palabra, de la narración, de
la imagen, de la creación artística.

O encontro UNIV constitui também uma oportunidade de conhecer a cidade de Roma seguindo o itinerário da história da Igreja desde seus primeiros séculos.
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