UNIV 2005
Projeter la culture:
le langage de la musique
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"La música es algo que transporta, que consuela y
que ayuda", decía Rilke. Estupor, alegría, ilusión, emociones indefinibles,
acompañan a quienes escuchan Walk of life, el Requiem de Mozart, o la
composición para flauta de La Misión. La música, según Tolkien, hace
"vagar el pensamiento en las regiones donde delicias y dolores son una
única cosa, y las lágrimas son el vino de la bienaventuranza".

La música siempre ha fascinado al hombre, quizá porque hay en ella una
fuerza que lleva a trascender la realidad, el normal transcurrir de
la vida. "La música es un silencio interrumpido", dice George Steiner.
Todo arte auténtico interpreta la realidad yendo más allá de cuanto
los sentidos puedan percibir, y se esfuerza por acercarse al misterio.
Aquello que es esencial en el arte, se sitúa en lo más profundo del
hombre, en donde la aspiración por dar un sentido a la vida, va acompañada
por una fugaz intuición de la belleza y de la misteriosa unidad de las
cosas. La vida ordinaria de un joven se desarrolla con la compañía de
una continua banda sonora. Se escucha música por la calle y en coche;
se queda con amigos con ocasión de la música; se habla de música
(habitualmente intercambiándose MP3 encontrados en algún sitio, dejando
de lado las cuestiones legales), y se tiende a imitar el estilo de vida
que se respira en MTV... Esta actitud a menudo esconde el deseo de evadirse
de una realidad cotidiana, que se considera insoportable. "En lugar
de enfrentarme con el vacío, corro. En lugar de afrontar el silencio,
salto", decimos con palabras de Susanna Tamaro. Pararse a pensar da
miedo, en un mundo donde parece que falta el aire para respirar. En
realidad, también muchos de los mitos geniales de la música han fracasado
trágicamente en la búsqueda personal del sentido de la vida. Kurt Cobain,
en el culmen de una estrepitosa carrera, se suicida. Quien cantaba I
want to break free, parece que no ha llegado a la meta. Y los asuntos
personales de Michael Jackson, no los envidia nadie.
Reflexionar sobre el lenguaje de la música significa decidir si se acepta,
sin necesidad de pensar, el estilo de vida que va unido, propuesto y
vendido por la industria musical. ¿Se quiere entrar en el juego de la
comercialización, y aceptar a priori la canción del verano con tal de
no sentirse fuera de "onda" o de la moda? ¿Se aprueba, sin espíritu
crítico, el clima de cualquier discoteca? ¿Está aquí la felicidad que
todos sueñan y presagian escuchando a su cantante favorito?
We dream our dreams alone with no resistance, faded like stars we wished
to be, canta Oasis. "No sé quién me ha colocado en el mundo, ni qué
es el mundo, ni quién soy yo. Me rodean espacios inmensos, y me encuentro
encarcelado en un rincón de esta vasta extensión, sin saber el por qué".
La música es quizá el lenguaje que mejor expresa la condición existencial
del hombre, tal como la ha definido Pascal. Quizá de aquí se debe comenzar,
para examinar con espíritu crítico la realidad que nos rodea, que no
se agota sólo en lo que se ve o se siente.
La cultura de un pueblo —dice T.S. Eliot— "se manifiesta en el arte,
en el sistema social, en los estilos de vida, en las costumbres y en
la religión". El UNIV en estos años está proponiendo a los universitarios
una investigación interdisciplinar acerca de la cultura actual, de la
cual la música es parte importante: arte, ocio, investigación, business,
imagen, derechos de autor, moda, armonía, industria, Napster,lenguaje,
ritmo, folklore... "Este mundo tiene necesidad de belleza para no caer
en la desesperación", enseñaba hace 40 años el Concilio Vaticano II.
Haciendo eco de estas palabras, Juan Pablo II ha recordado a los artistas
que a cada uno "se le confía la tarea de ser artífice de la propia vida;
en cierto modo, debe hacer de ella una obra de arte, una obra maestra".
"El canto —dice San Agustín— expresa alegría; mejor dicho, el canto
es expresión del amor". No todos serán músicos, cantantes o poetas;
no obstante, cada persona anhela encontrar respuestas a su íntimo deseo
de felicidad, y continuar buscando, sin cansarse cuando se debe reconocer
que "I still haven't found what I'm looking for".
How many roads must a man walk down before you call him a man?. En 1997,
en Bolonia, Bob Dylan cantó esta célebre pregunta dirigiéndose al Papa,
que respondió sonriendo a los miles de jóvenes allí presentes, con las
siguientes palabras: "Un representante vuestro ha dicho, en vuestro
nombre, que la respuesta a las preguntas de vuestra vida está soplando
en el viento. ¡Es verdad! Pero no en el viento que echa a perder todo
en el torbellino de la nada, sino en el viento que es soplo y voz del
Espíritu, voz que llama y dice ven!"

La rencontre est aussi une occasion de connaître la ville de Rome, sur les trâces de l'histoire de l'Eglise dès les premiers siècles.
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