3. El cultivo de la imaginación: creatividad

"Seamos realistas, pidamos lo imposible" decían los jóvenes del ’68. Cincuenta años después quizá muchas de esas ilusiones se han disipado, pero el futuro está en las manos de los jóvenes si cultivan su imaginación, desarrollan su inteligencia y ensanchan su corazón. La imaginación es la oveja negra de la educación actual. Muchos se han dado cuenta de esto, pero pocos han hecho algo por cambiar la situación.

La fuente de la originalidad es siempre la autenticidad del propio vivir. Traspasar la responsabilidad del vivir y el pensar a otros, sean estos autoridad, sean los medios de comunicación social que difunden pautas de vida estereotipadas, puede resultar cómodo, pero es del todo opuesto al estilo de vida de quien quiera dedicarse a liderar el cambio que la sociedad necesita. Transferir a otros las riendas del vivir, del pensar o del expresarse equivaldría a renunciar a ese objetivo.

El corazón de la razón es la propia imaginación. Es preciso empeñarse en el fomento de la creatividad personal, en el desarrollo de la originalidad. Esa tarea requiere esforzarse en pensar por uno mismo, en forjar mediante la propia reflexión una articulación personal, con audacia y confianza en las fuerzas de la propia razón. La espontaneidad buscada con esfuerzo se traduce en creatividad. La creatividad es fruto de la exploración y transformación del estilo de pensar y de vivir, de nuestro modo de expresarnos y de nuestra forma de querer, de relacionarnos comunicativamente con los demás. Quizá las mayores dificultades para el desarrollo de la espontaneidad sean la timidez, el miedo a ser original y el temor a hacer el ridículo.

La creatividad consiste esencialmente en el modo en que el sujeto relaciona los elementos de que dispone en los diversos ámbitos de su experiencia. Esto a menudo es una intuición (insight), tiene el carácter de una iluminación repentina: "es la idea de relacionar lo que nunca antes habíamos soñado relacionar lo que ilumina de repente la nueva sugerencia ante nuestra contemplación" (Peirce, Charles S; CollectedPapers, 5.181, 1903). Esto -ha argumentado lúcidamente Joan Fontrodona- es lo que hacen los directivos en las empresas: combinar los elementos de forma que donde había problemas descubren oportunidades.

Bibliografía:

  • FONTRODONA, Joan; La lógica creativa del emprendedor, en D. Melé (ed.), Consideraciones éticas sobre la iniciativa emprendedora y la empresa familiar, Eunsa, Pamplona, 1999.
  • ROBINSON, Ken; Las escuelas matan la creatividad, TED 2006.